quinta-feira, 18 de julho de 2013

De la primara para la secundaria - ADY (Escrito el 15/12/12)




El miércoles 12/12/12 mi hijo ADY tuvo su ceremonia de clausura, dando inicio a una nueva etapa en su vida. Pasar de la primaria para la secundaria a pesar de todo lo que se escucha en ese momento, no llega a ser tan traumática, desde que tus compañeros de clase vayan contigo, pero ni siempre es así, y a esa edad creo que no entendemos bien que es lo que significa. Yo entendí este paso como algo más serio, que las personas esperarían mucho más de mí, probablemente el hecho de no depender de un sólo profesor nos hace perder aquel vínculo que teníamos, y el compromiso ahora es con varios profesores con diferentes personalidades, y muchas cosas para aprender, digamos un mundo nuevo para enfrentar.

Me imagino que tú, ADY, poco a poco vas a darte cuenta que tienes más responsabilidades y lo que antes era gracioso ahora no lo es, tendrás acceso a chicos mayores que tú con ideas muy diferentes, algunas buenas otras no tanto, creo que podemos considerar esta fase como una previa, como un ensayo para lo que se viene más adelante, la vida adulta.

Quiero que sepas hijo que estuve pendiente de todo, sé que mamá compró pollito y que todo salió bien, te felicito y espero que está nueva fase esté lleno de aventuras, cosas nuevas para aprender, amigos, y por que no, tal vez conozca una persona que guste de ti, a pesar de tus defectos y que considere más tu virtudes.

Te llamé el martes pero no te encontré, quería felicitarte, la abuelita me dijo que se habían ido a buscar internet  o algo así. 

Ahora recuerdo las veces que llegaba de viaje, y como era diciembre, tú todavía estabas en el nido, o mejor dicho, en el wawa wasi. Yo iba a recogerte, las señoras que te cuidaban, que eran nuestras vecinas, me saludaban y se alegraban que tú te encontrarás con tu papá de nuevo. Era emocionante ir a verte y traerte cargado, siempre tenía miedo que no me reconocieras, como sucedió la primera vez que regresé de Brasil, habían pasado 5 meses, cuando salí estabas casi cumpliendo 6 meses, pues yo llegué a Brasil un sábado 4 de agosto, casi a la media noche. Pero sólo sucedió esa vez, pues nunca más te olvidaste de mí, y a pesar de nunca decírtelo, yo veía que eras el que más se alegraba en verme y quien por teléfono me preguntaba cuando iba a volver. Ahora tienes que saber que cada vez que me preguntabas eso, se me partía el corazón, sentía un dolor en el pecho, y lágrimas también corrían por mi rostro. No tenía como evitarlo, pero yo siempre fingía que no pasaba nada y te respondía que en cualquier momento iba a llegar.

Siempre fue así, en cualquier momento llegaba.

Te quiero mucho,

Papá